Ganó el frente de la gobernabilidad. El FA compensó por derecha los votos que perdió por izquierda.

Rafael Fernández 

Después de una campaña electoral que lo mostró estancado en las cuestas, Tabaré Vázquez consiguió quedar a sólo dos puntos de la Presidencia y con una mayoría absoluta que creía perdida en ambas cámaras del Congreso. La senadora Lucía Topolansky declaró que “el susto despertó al mamado”. En las últimas semanas se produjo un vuelco de muchos sectores indecisos a favor del candidato del Frente Amplio o. mejor dicho, en contra de un triunfo de la derecha “tradicional”.

 El Frente Amplio ganó en 14 de los 19 departamentos del país. En este contexto, la segunda vuelta es apenas un trámite.

 Vázquez no es un desconocido para el capital financiero, a quien sirvió desde la intendencia de Montevideo y en un mandato anterior. El mismo número de votos plebiscitario que reunió en el primer turno, es una prueba de la ventaja que tiene en términos de gobernabilidad frente a dos candidatos de los partidos tradicionales, Lacalle y Bordaberry, inflados por las consultoras. Cuando la crisis capitalista socave esa capacidad de gobierno, surgirá antes una alternativa de izquierda del frenteamplismo que a su derecha.

 El FA cuenta con mejores condiciones para aplicar el programa del FMI a la nueva etapa de la crisis mundial, que se caracteriza por una caída de los precios internacionales de las materias primas de exportación y por un reflujo de capitales. El FA controla al PIT-CNT. El Partido “Comunista”, que chocó en algunas ocasiones con el gobierno de Mujica (en octubre de 2010 buena parte de sus militantes sindicales votó un paro general de 24 horas), acabó domesticado y derechizado. El PCU aplicó medidas represivas contra las huelgas de la Intendencia de Montevideo y desde el Ministerio de Salud Pública. Ahora quien lidera el PC es el ex dirigente sindical Juan Castillo, quien siempre se opuso a la tesis de un “gobierno en disputa”, que justificaba peleas internas de colores ‘chavistas’, sin sacaar los pies del plato de la coalición. La lista del PCU estuvo encabezada por Marcos Carámbula, intendente de Canelones en los últimos 10 años, y uno de los dirigentes que en los 90 rompió por derecha con el partido comunista.

 En la bancada parlamentaria del Frente Amplio perdió peso su ala derecha (el astorismo y el Partido Socialista), aunque la campaña de Vázquez y su vice Sendic se caracterizó por defender medidas rabiosamente antipopulares. En particular, el programa del FA incluía el aumento (gradual) de la edad de retiro para jubilarse, y la implementación del llamado ‘voucher educativo’ -es decir, avanzar en la privatización de la enseñanza. Respecto al salario, la fórmula frenteamplista defendió los ajustes de acuerdo a la “productividad”. En las actuales condiciones de crisis capitalista, constituye una declaración de guerra contra el salario. A diferencia de cinco años atrás, la expectativa en un “giro a la izquierda” se ha agotado como expectativa entre los votantes frenteamplistas. Es una señal de tormentas.

 El FA compensó por derecha la fuga de votantes que apoyaron a distintos partidos “minoritarios” o incluso votó en blanco o anulado. La cifra de “desconformes” que votaron fuera del FA probablemente supere los 60.000 votos. La “Unidad Popular”, conformada por grupos escindidos del Frente Amplio, capitalizó en mayor medida este descontento, y obtuvo un diputado. La UP olantea el objetivo de un “gobierno popular y antiimperialista”, es decir, una reedición de la estrategia “frenteamplista” de alianzas con la burguesía “nacional”. Su candidato puso énfasis en el eslogan “Patria o Entrega”, “Somos Patria”, y otras expresiones de índole similar. Este sector tiene como modelo a los gobiernos de Maduro, Evo Morales, Correa e incluso el kirchnerismo.

 En este marco de inquietud política popular, tiene inicio una nueva etapa.