Partido de los Trabajadores

Galeano y los inquisidores de turno

Matías Matonte 

A raíz de la muerte de Galeano, esgrimidor de una pluma más que incisiva y de una palabra innegociablemente subversiva, han aparecido sin embargo los moralistas puritanos de siempre, los monjes rojos que se creen con la autoridad de operar como censores de poetas y cantores, los que siempre han confundido Arte con propaganda, los que siguen justificando la persecución a Maiakovski y el fusilamiento de Isaac Babel. Nadie duda que “Las venas abiertas de América Latina”, es ya un clásico de lo mejor de la literatura de pensamiento crítico que ha dado el continente, porque sin lugar a dudas en Uruguay y en Latinoamérica, existen cientos, miles de ensayos que denuncian y explican las relaciones de dependencia con el imperialismo, el saqueo de las multinacionales y la incapacidad de las burguesías locales para acometer un proceso liberador, sin embargo sólo “Las venas” ha crecido en el corazón y la conciencia del pueblo latinoamericano de forma innegable, porque no sólo el libro está escrito con rigor científico y una metodológica meticulosidad, sino que además de ser obra de un intelectual preclaro, es fruto de un poeta sensible y de un esteta comprometido.

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No obstante, antes y después de la muerte de Galeano, los amargados de siempre han querido reprocharle al escritor, que en unas “polémicas” declaraciones había abjurado de su “magnum opus”, tachándolo de “traidor” y “agente del imperialismo” estos tipejos demuestran una total miopía intelectual y una inveterada estrechez de miras. En realidad lo que Galeano dijo, es lo mismo que expresó al periodista Gabriel Cabalero en una entrevista, cuando el escritor se encontraba exiliado en Barcelona, recopilada en el libro “Días y noches de amor y de guerra”:

G.C: -“Las venas abiertas de América Latina” fue la obra fundamental que cimentó tu prestigio de intelectual comprometido. ¿La escribirías de nuevo en los mismos términos?

E.G: -No, no, no. Eso sería como invitarme a mi propio entierro. La escribí hace trece o catorce años. Desde entonces he cambiado. Estoy vivo; cambio todos los días. Asumo “Las venas”, eso sí, de cabo a rabo. No me arrepiento de una palabra (…) Pero ahora estoy metido en otra aventura, más abarcadora, más abrazadora, que no repite a “Las venas” sino que amplía y profundiza el campo que “Las venas” me abrió”.       Sólo aquellos que no entienden la dialéctica, pueden confundir espantosamente forma con contenido, cambio en la forma de decir, denunciar y cuestionar con claudicación de los principios y traición a las ideas, son ellos los que no entienden que a pesar de sus errores, Galeano siguió siendo el mismo desde “Las venas abiertas” hasta “Los hijos de los días”, aunque la tonalidad de su voz y su preferencia plástica cambiaran.

En fin los pequeños mezquinos de siempre, pueden elegir el Galeano más cuestionable, como el que apoyó a Constanza en las últimas internas, para regodearse en el estéril fango de su odio; sin embrago yo me quedo con aquel hombre sensible, amigo de los mineros bolivianos, azotados por el sílice y el cáncer, a los que a través de tan sólo simples palabras, logró describirles todo el sabor de la salinidad del mar.

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