Entrevista a Loreley Corbo, delegada del SAG y despedida de Cidesol S.A.

Yo soy marxista leninista, no soy PCU”

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Loreley Corbo, junto a integrantes de la dirección del SAG (J. Coronel, y J. Consani) en noviembre de 2013, durante la ocupación del periódico El Heraldo de Florida.

 

Loreley Corbo es una trabajadora gráfica, con 30 años de militancia en el Sindicato de Artes Gráficas (SAG). Militó durante su juventud en la UJC en la clandestinidad y rompió sus vínculos políticos con el PCU cuando, trabajando en el Diario La Hora, tuvo un conflicto gremial que los llevó a la justicia. Trabajó 11 años en Cidesol S.A, imprenta de la que fue despedida recientemente y con la cual lleva adelante una lucha por su reinstalación.

El primer antecedente de Cidesol S.A, data de los 90’s, cuando tres empleados gráficos fueron despedidos luego de haberle enseñado el oficio a los militantes del Movimiento 26 de Marzo. En ese hecho, los trabajadores sindicalizados hicieron el reclamo a través del SAG, pero la empresa se justificó diciendo que quería fijar una línea de trabajo únicamente con militantes.

Más recientemente, la trabajadora Loreley Corbo, luego de su ingreso como trabajadora a Cidesol S.A, afilió a todos los trabajadores de la empresa al SAG. “La relación se empezó a tensar cuando llevé las afiliaciones a los compañeros. No los puso para nada contentos. Ellos decían que no era necesario estar afiliado al sindicato porque era una empresa de izquierda, pero actúan como la peor burguesía”.

La persecución no se hizo esperar. Unos años después, cuando los trabajadores de Cidesol afiliados al SAG participaron de un 1° de Mayo del PIT-CNT, fueron recibidos por la empresa con maltrato y al unísono de “trabajadores ladrones”, principalmente por parte del responsable de la Juventud del 26 de Marzo, en aquel entonces, Sebastián García. Quien luego fue removido de su cargo en Cidesol por cuestiones internas del partido.

“Todos los militantes que trabajaban en Cidesol S.A tenían prohibido acercarse a nosotros, porque saben que convencemos” dice Loreley Corbo, luego de contar el incidente.

“Hace un año, entró un contingente de militantes a trabajar a Cidesol y yo me negué a enseñarles el oficio, sabiendo primero el antecedente de los 90’s, donde despidieron a Maciel, Meirele y Braña, que Alvaro Soto debe recordar porque militamos juntos mucho tiempo, y porque el conocimiento del oficio es de los trabajadores, no de la empresa. La empresa paga para plasmar el conocimiento” cuenta Corbo, sobre la cuestión más de fondo que lleva o acompaña lo que a continuación será el montaje de provocaciones por parte de Alejandro “el Topo” para con los trabajadores y de esta forma poder sacarse de encima al SAG.

La empresa no tenía a los trabajadores registrados y acarreaba problemas con el pago de sueldos y salarios vacacionales. Durante el problema de la regularización de los trabajadores, habían llegado al acuerdo de que en caso de que alguno se enfermara, Cidesol pagaría el salario completo. Es así que hace un año, Pablo Moreno, trabajador de la imprenta, enferma de cáncer y fallece en noviembre. Un mes antes de su fallecimiento, Cidesol le informa que dejará de percibir su salario: “Yo no digo que ellos hayan provocado su muerte, pero sin duda que lo anímico juega mucho en una persona con cáncer y Pablito estaba muy angustiado con todo esto. Fue un trato inhumano el que tuvieron con él y desde ahí las cosas no volvieron a ser igual. Ibamos llorando a la empresa. La esposa de Pablo tiene problemas con el 26 de Marzo, porque él percibía un salario alto y al no estar en caja ellos no le quieren pagar lo que le corresponde.”

Alejandro “el Topo” Jorysz, era el encargado de hacer “el mandado” político al 26 de Marzo. Llevó adelante una campaña de maltrato contra los trabajadores y tuvo el primer acto de violencia física contra Javier. “Nosotros sospechamos que atrás de todo esto hay algo más. El 26 de Marzo vive armando empresas. Tiene al lado de la imprenta una empresa de cueros y vaya a saber uno cuántas más… No sé que tiene que ver la política con el cuero.”

Luego de cada ataque por parte de los militantes -o por qué no, la patronal- venían las promesas de que las cosas cambiarían y que no volvería a suceder. “Es como la violencia doméstica, el tipo le pega, vuelve y le hace un mimito, después le vuelve a pegar y así sigue.”

Ya cuando las cosas se ponían cada vez más tensas, los trabajadores decidieron retirarle el saludo a los militantes para de esta forma evitar cualquier tipo de roce. “Les retiramos el saludo para que no se ofendan si los saludábamos así o asá y así evitábamos las confrontaciones. Nosotros queríamos conservar nuestras fuentes de trabajo. Frente a todos los actos de violencia cometidos hacia los trabajadores el 26 de Marzo no hizo nada”.

El suceso de violencia que se desató, luego de un reclamo por parte de Loreley, con Alejandro Jorysz, parte de una serie de acosos por parte de los militantes hacia los trabajadores, donde el 26 de Marzo necesitaba desprenderse de los trabajadores sindicalizados para poder seguir con su política de pagar por debajo del laudo. “Yo no niego haberlo insultado, porque lo insulté, no recuerdo que le dije, porque estaba muy caliente. Él me encerró para golpearme y recuerdo que luego de insultarnos mutuamente se fue. Al otro día me llaman y me dicen que estaba despedida, que querían arreglar conmigo la plata para que no pasara necesidades. Yo les dije: Los trabajadores no nos vendemos, yo voy a ir por todo y todo es mi puesto de trabajo. Yo le enseño el oficio a cualquier compañero que cobre el laudo, no a los carneros. Imaginate, sobreviví a los ataques del que fue mi propio partido, tengo el lomo con callos.”

Luego del despido comenzó el proceso judicial. Loreley Corbo perdió en primera instancia. “Ellos aplaudían que yo haya perdido”. Y ganó la segunda instancia apelatoria, pero sin embargo, el día que estaba prevista su reincorporación, no la dejaron ingresar ni a ella, ni a los trabajadores sindicalizados. “Ese día ellos trabajaron, porque sacaron El Bocón y otros trabajos, pero sin embargo a los trabajadores que no dejaron entrar les descontaron el día. Eso está en actas, porque como no me dejaron entrar tuvimos que llamar a la escribana.”

Hoy, Loreley Corbo, sigue su lucha por la reincorporación a su trabajo y apoya todas las luchas del SAG. “No espero nada de la justicia burguesa, yo sigo la lucha”.