El último tren pasaba

No se puede negar que el gobierno -y en general la burguesía uruguaya- tiene dañado el olfato. Con escaso sentido de la oportunidad, Vázquez proclamaba en su primer gobierno que Uruguay debía subirse rápidamente al TLC con los EE.UU., porque “el tren pasa una sola vez”. Muy poco después explotaba la burbuja especulativa con la caída de Lehman Brothers.

El segundo gobierno de Vázquez se inició bajo la atmósfera de una reorientación de la política exterior. La idea que sobrevolaba era que esta vez no se dejaría pasar el tren: se firmaría un acuerdo con la Unión Europea, con o sin el Mercosur. Se aplaudieron las coincidencias con el gobierno macrista, y se imploró a Rousseff habilitar negociaciones con la UE. A esto se sumaba el apoyo al TISA y a la Alianza para el Pacífico. Se afirmaba que la salida estaba en la firma de tratados comerciales para abrir mercados a las exportaciones.

El Brexit viene a echar por tierra todas esas febriles fantasías. Es una expresión de las profundas tendencias a la desintegración de la Unión Europea, sacudida por la crisis mundial. No se trata de un rayo en cielo sereno, por cierto. La indisimulable bancarrota de gran parte de la banca europea (incluyendo al propio Deutsche Bank) y la poderosa movilización obrera y juvenil en Francia, muestran que la descomposición de la UE no afecta únicamente a Grecia y la zona mediterránea. Las crisis políticas (Gran Bretaña, Francia o España, etc.) son consecuencia del fracaso de la política de rescate a los bancos, que han provocado la quiebra de los propios Estados.

El Brexit provocará una fuga de capitales, desde Europa y también desde América Latina, hacia Wall Street. La City londinense, la mayor plaza financiera del mundo, está al borde del precipicio. El fortalecimiento del dolar golpea las tentativas de reactivación de la economía norteamericana, ya que afectará su comercio exterior. La crisis dará un salto cualitativo, acentuando las tendencias deflacionarias de la economía, por lo que se pueden anticipar nuevos estallidos en las finanzas mundiales.

Vázquez y el Frente Amplio aplican un fiscalazo (más impuestos al salario, recorte de gastos, desindexación salarial) argumentando que la pérdida del ‘investment grade’ provocaría daños mayores. Una verdadera tontería. La crisis mundial ha jaqueado a los EE.UU., la UE, Japón y China, para no mencionar a Argentina, Brasil, Rusia, Venezuela y hasta Arabia Saudita. Pero Uruguay podría quedar a salvo, sostienen, si el capital financiero sigue ingresando a tasas ‘razonables’. El problema es que ya hay fuga de capitales, y esta se va a acentuar, mientras que la contracción de la economía va a profundizar el déficit fiscal y la crisis de la deuda externa -que se afirmaba superada.

La oposición blanqui-colorada impulsa un ajustazo aún mayor, e incluso una devaluación de la moneda, con el objetivo de licuar el salario (sobre todo medido en dólares), como supuesta vía para impulsar las exportaciones. Pero no es una salida, en primer lugar porque en un mercado mundial saturado por la sobreproducción de mercancías y capitales, el abaratamiento de la producción nacional no garantiza que existan mercados a donde exportar.

Este fiscalazo es apenas la primera dosis, vendrán otras peores. Porque no abre ninguna salida, sino que va a profundizar el estancamiento.

Debemos convocar un congreso del movimiento obrero, para discutir un programa de salida a la crisis, que exige luchar por un gobierno de trabajadores, para la reorganización de la economía sobre nuevas bases sociales.

Por Rafael Fernández, publicado en el semanario Voces el jueves 30 de junio.