Partido de los Trabajadores

El problema de la vivienda (continuación)

Hace un par de números del Tribuna de los Trabajadores comentamos varios de los planes de viviendas que el gobierno promociona como una solución real al problema de la vivienda de la clase trabajadora, y los desenmascaramos como viles engaños orientados a la obtención de fabulosas ganancias por parte de empresas constructoras e inmobiliarias, y como formidables negocios para que los hijos de las clases acaudaladas puedan acceder a viviendas nuevas con ayudas del estado. Curiosamente, el gobierno ha lanzado una nueva herramienta que no hace más que confirmar lo que decíamos anteriormente.

El poder ejecutivo publicó el día 11/09/2014 un decreto reglamentario que habilita la puesta en marcha del programa “Ahorro Joven para Vivienda”. Dicho plan está orientado a jóvenes de entre 18 y 29 años, y la idea es plantear un subsidio de acuerdo al monto ahorrado. Dicho subsidio se otorgará si el dinero es utilizado para la compra o alquiler de una vivienda. En el mejor de los casos, ahorrando 750UI (Unos $2172 al día de hoy) durante 48 meses, se podrá acceder a un subsidio de $ 31.276; tendrá como máximo 50 mil beneficiarios y costará 10 millones de dólares anuales.  ¿Dónde está la trampa? Este plan no plantea una solución de fondo a los problemas que se dejaron de lado con el resto de los planes, sino que busca apuntalar los mismos. Aquí se plantean varios elementos a tener en cuenta. En primer lugar, en el caso de subsidio para quienes destinen el ahorro al pago de alquileres no hace más que mantener a la persona dependiente de conseguir un lugar que pueda pagar para poder vivir. No hace nada por controlar los precios descabellados de los alquileres, sino que al contrario, apunta a que los dueños mantengan la clientela sin necesidad de ajustar los precios a la realidad salarial de los trabajadores. En segundo lugar, en el caso de los subsidios destinados a la compra de vivienda, no amplían de ninguna manera la cantidad de gente que puede acceder a la misma, sino que genera un beneficio extra para aquellos que ya estaban contemplados en los planes de ahorro y genera nuevas oportunidades de negocio para los empresarios. En tercer lugar, este plan de ahorro ahora también abarcará cuentas abiertas en instituciones de intermediación financiera privadas, en el marco de la nueva ley de bancarización. Es decir, se abren nuevas oportunidades de negocios para los especuladores financieros y la banca privada. Es un avance más en el modelo privatizador de las soluciones habitacionales.Además, si ya la burbuja es grande, con la entrada en juego de nuevas instituciones privadas, solo podemos esperar una explosión de la burbuja a mediano plazo, tal como hemos podido ver en España o Estados Unidos como casos emblemáticos; una vez que el ajustazo que se viene contra los trabajadores luego del ballotage comience a afectar los pagos de cuotas hipotecarias y de alquileres.

Como vemos, la consigna sigue siendo buscar nuevas formas de beneficiar a los mismos a través de los recursos estatales, mientras los trabajadores seguimos siendo olvidados.

Los trabajadores tenemos una excelente herramienta, que son las cooperativas de vivienda. Tienen múltiples beneficios: un costo menor y más accesible, la posibilidad de participar en el diseño y la construcción de las viviendas, y sobre todo, la formación desde el vamos de una comunidad de vecinos luchando unidos por un objetivo común. Permite que los vecinos no sean desconocidos que les tocó en suerte vivir al lado, sino compañeros de lucha y de trabajo, lo que genera un vínculo muy fuerte en la comunidad, superior al que pretende generar la sociedad moderna de barrios y edificios habitados por gente que se desconoce unos a otros, que solo se preocupan por su bienestar individual. El movimiento cooperativo tiene una herramienta como FUCVAM, que ha sido dejada de lado y ninguneada por el gobierno una y otra vez. FUCVAM debería ser una organización poderosa, dotada de recursos financieros, de tierras, de herramientas y de personal capacitado para orientar a las cooperativas desde la formación del grupo hasta el desarrollo de la vida en común, incluyendo asesoramiento legal. En numerosas marchas FUCVAM ha estado denunciando la situación (recordemos el año pasado, en el marco de las grandes luchas de la enseñanza y la salud) de desamparo a la que la ha dejado campear el estado, la situación, y citando a FUCVAM, de que son “ninguneados en nuestro país”.

Claro, FUCVAM y el cooperativismo representan un modelo de organización reñido con la política del beneficio a los grandes capitales y del individualismo extremo propio del sistema capitalista. A todo esto, son conocidos los afiches del MPP donde el señor Berterreche, ex presidente del Instituto de Colonización nos pedía el voto porque gracias a ellos “La tierra es de todos”. No aclara que el “reparto” de tierras ha sido para concentrar la tierra en manos extranjeras como nunca antes se ha visto en la historia; mientras FUCVAM y una cantidad de colonos son dejados de lado o expulsados de las tierras que ocupan. Ni que hablar de casos como el de la zona de Marindia, donde se pretende despojar a numerosas familias de sus hogares en beneficio de intereses económicos privados.

Los trabajadores necesitamos organizarnos para defender las herramientas que tenemos a nuestro alcance para alcanzar el objetivo de una vivienda digna y la construcción de verdaderas comunidades donde poder vivir libremente, con tranquilidad y en armonía; comunidades basadas en la satisfacción de nuestras necesidades y no en el beneficio que puedan obtener las empresas que lucran con nuestro techo. Necesitamos organizarnos para luchar y presionar al gobierno para que le dé a FUCVAM los recursos y la importancia que necesita para organizar un plan popular de viviendas; pero también tenemos que organizarnos y prepararnos para organizar una alternativa superadora del capitalismo, para que  nuestras necesidades dejen de ser negocios que son resueltos a medias a cambio de una ganancia, y pasen a ser resueltas por los propios interesados, es decir, los trabajadores organizados en un gobierno socialista que defienda sus intereses.