El fantasma de la Intifada

 

En rechazo al asesinato de varios manifestantes, el pueblo palestino protagonizó dos “jornadas de la ira” que mostraron el vigor de las protestas e incluyeron una huelga general de los comercios de los barrios árabes-israelíes. Más de 30 palestinos han sido fusilados y más de 1.400 resultaron heridos desde comienzos de octubre.
Muros y colonias
El gobierno de Benjamin Netanyahu ha redoblado las medidas represivas. Al despliegue de militares en las ciudades y la demolición de viviendas de las familias de los sospechosos de realizar atentados, ha añadido un corralito sobre los barrios palestinos de Jerusalén Este “que puede implicar una partición de facto entre el Jerusalén judío occidental y los barrios árabes orientales donde viven unos 300.000 palestinos” (El País, 14/10). También amplía el muro en Cisjordania y evalúa un reforzamiento del vallado en Gaza. Esta política de apartheid se complementa con un operativo fascistizante: Netanyahu acusó a los diputados de la fuerza árabe-israelí Lista Conjunta de incitar a las protestas y el alcalde de Jerusalén exhortó a armarse para defenderse de los atacantes con cuchillos. El periódico israelí Haaretz ha calificado como “patéticas” las medidas oficiales puesto que “sólo producirán más terroristas” (16/10).
Para el diario israelí, la solución consiste en un restablecimiento de las negociaciones de paz. Pero este proceso se ha venido abajo por el acelerado progreso de la colonización sionista, que amenaza inclusive con inviabilizar la llamada “solución de dos Estados”. Ya son más de 600.000 los colonos ilegales asentados en territorios palestinos.
Intifada
Las manifestaciones que han ganado las calles no sólo se explican por este progreso de la colonización, sino también por las invasiones que devastaron la Franja de Gaza y las miserables condiciones de vida (desempleo del 40%). La Autoridad Palestina (AP) se encuentra totalmente desacreditada por su colaboración con los servicios de seguridad sionista. Mohammed Abbas, titular de la AP, intenta contener las protestas por temor a que una tercera intifada barra con él. Hamas llamó a “continuar con la intifada” (Maan, 16/10) pero tampoco tendría gran influjo sobre el movimiento callejero. En opinión de Orit Perlov, uno de los varios analistas que sostienen que el movimiento no tiene liderazgo, “Hamas también está perdiendo legitimidad entre los jóvenes” (Al Monitor, 12/10), que constituyen el grueso de los movilizados y de la población palestina, tanto cisjordana como gazatí.
El estallido de una tercera intifada añadiría el contagioso elemento de la rebelión popular al complejo escenario de la guerra imperialista en Medio Oriente. La intervención norteamericana, que avaló los recientes fusilamientos bajo el argumento del derecho de Israel a defenderse, apunta a neutralizar el levantamiento. La otra gran causa nacional de la región, la del pueblo kurdo, ha conocido también un ascenso en los últimos meses.
Defendemos la resistencia del pueblo palestino y denunciamos el silencio del gobierno argentino frente a la nueva masacre.