Derrotemos la provocación imperialista de Trump ¡Defendamos los derechos del pueblo palestino!

Por una Palestina libre y socialista

 

Con la provocación lanzada el 6 de diciembre último, cuando declaró a “Jerusalén como la capital de Israel”, el presidente estadounidense, Donald Trump, intensificó las guerras crecientes, las crisis políticas y rebeliones populares en el Medio Oriente. Este ataque brutal a todos los derechos del pueblo palestino es una nueva agresión a los pueblos árabes y musulmanes, y una amenaza contra toda la humanidad a través de la expansión de la guerra imperialista.

Llamamos al movimiento obrero internacional, a todos los luchadores por la libertad y a los oprimidos del mundo a movilizarse inmediatamente en solidaridad con el pueblo palestino, unirnos en apoyo a su heroica lucha en su territorio usurpado, ocupado por el régimen sionista israelí, sus tropas militares y colonos.

El propio Trump ha demostrado inequívocamente que no hay lugar para el compromiso con el imperialismo y su bastión sionista en la región. Los imperialistas de la Unión Europea, los regímenes árabes reaccionarios de la región liderados por la monarquía saudí, así como la llamada Autoridad Palestina del colaboracionista Mahmood Abbas, simularon estar sorprendidos por la provocación de Trump, “protestando” que Estados Unidos puso en peligro el “proceso de negociación de paz” y la “solución de los dos Estados”. Hace mucho tiempo que las “negociaciones” bajo la supervisión de los Estados Unidos estan muertas y la “solución de los dos Estados” es un zombie.

¿Qué clase de “Estado” palestino podría ser un Bantustán desarmado y fragmentado en el 15 por ciento del territorio histórico de Palestina, sin control sobre el agua y otros recursos vitales, bajo el asfixiante control militar de Israel?

La hipocresía de las protestas de los imperialistas de la Unión Europea y de los gobiernos reaccionarios en los países árabes y musulmanes se demuestra por el vacío de su “condena” y la falta de una acción práctica real contra las provocaciones de Trump y Netanyahu. La “Cumbre islámica” en Estambul, además de palabras vacías, no dio ningún paso real hacia una ruptura con el imperialismo y el sionismo.

De acuerdo con su línea general, Erdogan, de Turquía, amenazó con romper relaciones diplomáticas con Trump e Israel. Pero esto es simplemente para el consumo interno y para persuadir a las masas árabes de que él es el único líder en el mundo sunita que puede desafiar a los Estados Unidos en nombre de los derechos de los palestinos. Su conducta pasada en el incidente de Mavi Marmara, el barco humanitario asaltado por comandos sionistas, donde finalmente capituló y normalizó las relaciones con Israel (¡en forma vergonzosa, el acuerdo de normalización lleva las firma oficiales de Ankara y… ¡Jerusalén!) debería mostrarle al mundo árabe el vacío de su postura actual. La verdadera tarea es terminar con todos los vínculos diplomáticos, económicos y militares con Israel, romper con la Otan y cerrar la base militar Incirlik en el sudeste de Turquía, desde donde la Fuerza Aérea de Estados Unidos bombardea a todas las fuerzas que considera opositoras al imperialismo estadounidense y al sionismo en Oriente Medio.

En Grecia, Tsipras y su llamado gobierno de “izquierda” han establecido una estrecha alianza estratégica con el régimen sionista de extrema derecha de Netanyahu, y la dictadura militar en Egipto. El gobierno griego está empeñado en una asociación con el Estado sionista para explotar en el futuro las reservas de gas del Mediterráneo. En la víspera de la declaración de Trump, Tsipras elogió al presidente de los Estados Unidos y acordó ampliar la red estratégicamente crucial de las bases militares estadounidenses en Grecia.

Francia y la Unión Europea, después de la decisión del imperialismo estadounidense, recibieron la visita de un triunfante Netanyahu y combinaron críticas verbales suaves con la aceptación declarada del “papel principal de los Estados Unidos en el proceso de paz”. Lo que separa a Macron de Trump es la oposición de Trump a los negocios de la francesa Total en Irán.

Putin también combinó algunas críticas suaves con una gira del presidente ruso en Turquía, Siria y Egipto. El anuncio de una retirada parcial de las tropas rusas de Siria, los nuevos contratos económicos con el dictador pro-estadounidense, pro-saudí, el egipcio Al Sisi, y las relaciones existentes con Netanyahu, subrayan la voluntad del Kremlin de actuar como un poder global que busca un compromiso negociado con los Estados Unidos, ahora no sólo en Medio Oriente, sino sobre todo en Ucrania y en el antiguo espacio de la Unión Soviética.

La fuerza principal de la reacción árabe sigue siendo Arabia Saudita. Trump no podía poner en peligro la estrategia estadounidense de construir un eje entre Israel y Arabia Saudita, a la cabeza de otros Estados sunitas, contra Irán y sus aliados en la región. La monarquía saudita de Mohamed Bin Salman se encuentra en una profunda crisis económica, acumulando por primera vez déficit, mientras la depresión mundial afecta el precio del petróleo y, en lo político, con casi la mitad de la familia real en prisión, e importantes reveses en Yemen, además del enfrentamiento con Qatar. Trump tenía, indudablemente, el consentimiento tácito saudita antes de tomar su decisión pública. Pero este hecho profundiza la crisis saudí y exacerbará la inestabilidad política, tanto en Ryadh como entre todos sus aliados.

La crisis de credibilidad y legitimidad de todos los regímenes regionales se profundiza, incluidos los líderes palestinos en Ramallah y Gaza. No es un accidente que el 70% de la población palestina rechace a Abbas y le pida que abandone el poder. Una mayoría exige una rebelión popular prolongada para derrotar la provocación de Trump. Hamas y Hezbollah pidieron una tercera Intifada. Independientemente del número de personas que ya participan en la batalla en las calles de la Palestina ocupada, la ira popular está creciendo rápidamente como un volcán listo para la erupción.

Una parte importante del movimiento palestino considera que 2017/18 no es 1987, el momento de la primera Intifada, que fueron frenadas por las traicioneras negociaciones de Oslo, ni el año 2000, cuando la segunda Intifada estalló después de la provocación de Sharon y el colapso del proceso de Oslo. El impacto de la crisis capitalista mundial, no resuelta durante una década en Medio Oriente e internacionalmente, no tiene precedentes. La propia decisión de Trump no es una señal de fortaleza, sino de la gran crisis económica y política en los propios Estados Unidos, de la rápida caída de su popularidad y su dependencia de los lunáticos evangélicos, de la guerra civil política dentro del gobierno de los Estados Unidos y del interior de su clase capitalista profundamente divididos. Esta lucha interna se demostró con el caso Flynn justo antes de la decisión sobre Jerusalén y la derrota electoral de Trump en las elecciones senatoriales de Alabama inmediatamente después.

Emergen nuevos peligros y nuevas posibilidades revolucionarias que no pueden ser encaradas ni a nivel nacional ni a nivel regional, sino a escala mundial.

Secciones de la vanguardia palestina entienden que lo que se necesita no es sólo otra Intifada, una rebelión, sino una verdadera Thawra, una revolución hasta la victoria. Y para lograr tal victoria es necesaria una movilización revolucionaria internacional contra el imperialismo y el capitalismo.

Cada vez más palestinos están convencidos de que la única solución es el establecimiento de un Estado donde todos los ciudadanos tengan los mismos derechos. Pero esta solución de un Estado con los mismos derechos civiles, incluido el derecho al retorno de los refugiados palestinos, garantizados para todos, árabes y judíos, no puede implementarse sin el enfrentamiento, la derrota y el desmantelamiento de las estructuras estatales sionistas. Sólo puede lograrse sobre una base socialista de unidad de todos los oprimidos y explotados, emancipados del imperialismo, del sionismo y de los regímenes reaccionarios locales, en el marco de una Federación Socialista de pueblos libres -árabes, judíos, kurdos, iraníes, etc.- de Medio Oriente.

Para avanzar y realizar esta perspectiva se necesita una lucha obstinada en dos niveles:

• Trabajar sin demora para establecer un Frente Unico internacional y regional de acción de todas las fuerzas revolucionarias de izquierda y populares antiimperialistas en solidaridad con la lucha del pueblo palestino y contra la guerra imperialista, tal como se delineó en la Resolución del Cuarto Acuerdo Euromediterráneo, en la Conferencia celebrada en Atenas, Grecia en mayo de 2017.

• Superar la crisis de dirección en las luchas de liberación social y nacional, mediante la construcción de partidos revolucionarios fuertes y una Internacional revolucionaria.

¡Fuera las manos de Al Quds / Jerusalem!

¡Abajo el imperialismo, el sionismo y sus títeres!

¡Por una Palestina unida, libre y socialista dentro de una Federación Socialista de Medio Oriente!

15 de diciembre de 2017

DIP (Turquía)
EEK (Grecia)
Marxist Workers League/MTL (Finlandia)
Partido Obrero (Argentina)
Partido de los Trabajadores (Uruguay)

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