Comunicado público a la salida del XVIII Congreso

La crisis económica mundial ha derivado en una feroz guerra comercial encabezada por los EEUU y China. Los giros y realineamientos políticos en varias potencias capitalistas son consecuencia directa de la crisis. El belicismo es la extensión de los conflictos económicos y políticos. Casi dos decenas de guerras sacuden al mundo hundiendo a la humanidad en la barbarie.

En América Latina la crisis ha llevado a la debacle económica a varios países, tendencia que arrastra al resto de las naciones. La caída de los precios de las exportaciones ha terminado con los ‘modelos’ económicos latinoamericanos basados en la primarización de la economía, la apertura indiscriminada a los capitales financieros internacionales y el hiperendeudamiento.

En el plano político, los nacionalismos burgueses o ‘progresismos’ han fracasado y demostrado todos sus límites y contradicciones. El llamado ‘Socialismo del siglo XXI’ no logró atravesar la segunda década del mismo. El derrumbe de la Venezuela de Maduro, los desplazamientos del gobierno de Roussef, Cristina Kirchner y la derrota electoral de la Concertación chilena, entre otros, demuestran dicho fracaso. El carácter nacionalista y policlasista de los progresismos ha colocado a la clase obrera como furgón de cola de la burguesía y la pequeñoburguesía. En este marco, son los propios gobiernos progresistas que siguen en pie los que descargan la crisis sobre los trabajadores y demás capas explotadas.

En Brasil y Argentina las reformas laborales y jubilatorias de Temer y Macri significan un ataque directo a las masas. La pugna por no perder mercados en el marco de la crisis mundial plantea devaluaciones, reducción salarial y despidos generalizados. En Uruguay, el gobierno del FA viene imponiendo el ajuste del gasto en función de reducir el déficit fiscal y mantener el grado inversor, para así continuar el ciclo de endeudamiento. El déficit fiscal es el más alto desde 2002, en tanto la deuda externa se ha multiplicado enormemente, con vencimientos más allá del 2050.

Una profundización del ajuste por parte del gobierno implica una ‘guerra de clase’, donde el gobierno como representante del gran capital debe arremeter contra las condiciones de vida y trabajo de los explotados. Es decir, debe infligir una derrota histórica a la clase obrera. Las privatizaciones, la precarización laboral, la pretensión de aumentar la edad jubilatoria, los despidos y la desindexación de los salarios apuntan en ese sentido.

El Partido de los Trabajadores se plantea luchar contra esto a través de la organización de la clase obrera sobre la base de recuperar los sindicatos como organizaciones de lucha, es decir con independencia política con respecto al gobierno y los partidos patronales. Otro tanto en lo que respecta al movimiento estudiantil y de la mujer. Lo estratégico implica la construcción de un gran Partido de los Trabajadores que se plantee como alternativa de poder hacia el gobierno de los trabajadores y la unidad socialista de América Latina.

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