Colombia: la paz en los tiempos de cólera

Derrota electoral de los acuerdos

 

El ‘No’ a los acuerdos de paz obtuvo seis millones de votos y se impuso en Colombia por una ligera diferencia en un plebiscito marcado por una abstención del 60%.
Con estos resultados, el proceso no se rompe, pero sí ingresa en una nueva etapa.
Los resultados sorprenden, antes que nada, por el enorme frente que impulsaba el voto por el ‘Sí’. En este revestían desde el presidente Juan Manuel Santos hasta el Partido Comunista, pasando por un arco internacional que iba desde Obama hasta el castrismo, incluyendo a la Unión Europea y el Vaticano.
En los días previos a los comicios, el Papa atacó abiertamente al ex presidente Alvaro Uribe, el principal crítico de los acuerdos, que batalló en soledad por el ‘No’ y se erige como el vencedor de la jornada.
Ni el espaldarazo de quince jefes de Estado ni el pronunciamiento por el ‘Sí’ de los artistas más populares del país (Shakira, Juanes, Carlos Vives, Aterciopelados), e inclusive de leyendas vivas del deporte como Carlos Valderrama o René Higuita, alcanzaron para torcer la apatía y el malestar de la población.
El profundo descrédito de Santos, cuya impopularidad por las políticas de ajuste y la situación económica asciende según algunas encuestas al 76%, ha sido una hipoteca ilevantable para el frente político impulsor del ‘Sí’, por más que la guerrilla termine siendo usada como chivo expiatorio ante los malos resultados.
Cabalgando sobre la impopularidad de su ex socio en la masacre de la guerrilla y de los campesinos colombianos, Uribe ha conseguido recuperar terreno luego de un largo período de aislamiento político.
El plebiscito marca, seguramente, el fin de la esperanza de Santos en un nuevo mandato. Fue por lana y terminó esquilado, como Cameron en otro reciente y disonante plebiscito -el que consumó el “Brexit”.
¿Se dobla pero no se rompe?
El rechazo a los acuerdos de paz registra un antecedente. En Guatemala, un plebiscito arrojó un triunfo del ‘No’ a los acuerdos con la guerrilla en 1999 (donde también hubo una abstención descomunal, en este caso del 80%), pero éstos siguieron adelante de todas formas.
Aquí también, intereses muy importantes motorizan el proceso como para dejar que sean entorpecidos por la ‘voluntad popular’: los titulares del FMI, el Banco Mundial y el BID estuvieron presentes en la firma de los acuerdos en Cartagena. La pacificación del campo colombiano ofrece al gran capital una oportunidad de negocios.
Y es sólo un aspecto, porque el proceso colombiano aparece imbrincado también con la apertura cubana.
Por eso, Santos ha anunciado la convocatoria a todas las fuerzas políticas del país, incluyendo al uribismo, para encauzar el proceso.
Durante la campaña, el uribismo atacó lo que serían en su opinión la impunidad y los privilegios que obtendrían los guerrilleros de las Farc: penas benignas a cambio de información, representación política asegurada en el Parlamento, etc.
Es probable que el triunfo del ‘No’ sea utilizado para forzar aún a mayores concesiones por parte de la guerrilla, que ha postulado su integración indeclinable al orden democrático en su reciente X Conferencia, donde colocó como techo el “mejoramiento de la democracia burguesa”.
Las Farc han expresado su voluntad de mantener las negociaciones.
‘Paz tardía’
Desde un punto de vista político, el proceso de paz en Colombia forma parte de un operativo más general para forjar una arena común entre nacionalistas y derechistas del subcontinente, bajo el patrocinio del capital internacional.
Esta tentativa, sin embargo, tropieza con el volcán social y político sobre el que se asientan dichos regímenes, y que incluyen importantes procesos de resistencia de las masas.
Los resultados del plebiscito colombiano confirman que los acuerdos de paz colombianos han llegado demasiado tarde.

Gustavo Montenegro

(Prensa Obrera)