Brasil, un espejo para Uruguay

 

La situación político-económica de Brasil puede tomarse como un modelo más avanzado y a gran escala del proceso político-económico del Uruguay.

Luego  de un crecimiento sostenido durante una década a tasas fabulosas, gracias al impulso del aumento del precio de las materias primas se ingresó rápidamente en un periodo turbulento. La crisis que se siente en China impacta directamente en todos los países emergentes que crecieron gracias a ese impulso generado por el voraz consumo del gigante asiático. Esta ha sido una de las principales causas de que Brasil se encuentre en recesión técnica tras dos semestres de crecimiento negativo, y en donde se espera una caída económica del 2,55% para este 2015 y del 0,60% para el 2016; números actualizados luego de la rebaja en la calificación de riesgo de S&P, que le quitó al país el famoso “grado inversor”. ¿Por qué ocurrió esto? Esto se debe a que el gobierno presentó al parlamento un proyecto de presupuesto que arrojaba un déficit fiscal. Esto fue tomado por los mercados como un fracaso en la política de ajuste llevada adelante por el gobierno lo cual ha llevado a la pérdida del apoyo de la burguesía a medida que se profundiza el derrumbe económico (que incluye una devaluación imparable del real, crisis industrial, despidos y cierres por doquier que empujan el desempleo a más del 8%).

Primeramente, el ministro de economía Levy planteó la necesidad de un aumento de impuestos; lo cual puso a la burguesía en pie de guerra. Los empresarios no quieren pagar ni siquiera una pequeña parte de la cuenta. Tras esta declaración de guerra el gobierno debió recular y cambiar el presupuesto, para adaptarlo a esas exigencias. El nuevo presupuesto presenta recortes de entre 6800 y 11000 millones de dólares en programas sociales y congelamiento de salarios en el sector público (cuando la inflación supera el 9%). Estas medidas han despertado resistencias en el interior del oficialismo y simpatías y apoyos en la oposición. El presidente del Banco Central brasilero salió a declarar que hay que proseguir “con determinación y perseverancia el proceso de ajuste y llevar a cabo reformas estructurales”. La crisis capitalista y los recortes implementados en el presupuesto vienen a demostrar que las concesiones a la clase trabajadora son las primeras en ser eliminadas ante las dificultades económicas.

 

El control sindical

En este panorama, las centrales sindicales burocratizadas intentar frenar las luchas contra los despidos y los ajustes, alegando la necesidad de apoyar al gobierno en un momento difícil. Sin embargo, las bases están pasando por encima a las burocracias realizando grandes huelgas sobre todo en la industria para enfrentar las crisis y los despidos. Por ejemplo, en las fábricas de General Motors y de Daimler se acordó con la burocracia el recorte de cientos de puestos de trabajo para asegurar la sostenibilidad de las empresas; pero la intensa lucha de las bases organizadas de trabajadores logró revertir esto y conservar los puestos de trabajo. En Volkswagen luego de 12 días de huelga se logró lo mismo. Petrobras se encuentra en huelga por tiempo indeterminado frente a los despidos y los intentos de privatización.

 

El proceso de descomposición

La crisis ha desatado una guerra de camarillas entre los diferentes sectores de la burguesía. Un sector que se aferra al gobierno al vivir de los contratos multimillonarios con el estado, mientras que otro sector se desmarca y exige una apertura económica al gran capital internacional. Esto lleva a que hayan sectores dentro del gobierno que se opongan a las medidas tomadas y que las mismas sean apoyadas por sectores de afuera del gobierno.

Esto en otra escala sucede también en Uruguay. Vemos que la oposición y un sector del FA apoya la política de Vázquez y sus ministros (TISA, esencialidad, presupuesto, etc) mientras que hay otro sector que se opone y propone otra salida (principalmente MPP y PCU). Incluso dentro de los propios partidos del FA, como se ve en la guerra Olesker-García del PS. Los diferentes sectores de la burguesía buscan defender sus intereses y eso lleva a la insostenibilidad del Frente Popular que representa el FA.

A su vez, este Frente Popular, apoyado por la burguesía por ser el principal control y desmovilizador de los trabajadores organizados ve que ya no puede realizar un control efectivo del movimiento obrero. Vázquez lleva un paro del PIT-CNT por mes, impulsado por la presión de las bases, huelga docente, huelga de la salud y se avizoran muchos problemas a corto plazo. Es necesario aprovechar este momento para reorganizar al movimiento obrero sobre nuevas bases, con independencia política del gobierno. La capacidad del FA de regimentar al movimiento obrero comienza a agotarse.