Balance de las elecciones en la FEUU

El resultado de las elecciones ha reconfigurado el cuadro político de la Federación. En primer lugar ha significado un freno a los sectores de oposición que conformaron el Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos y un avance del oficialismo en sus diferentes variantes, con la novedad de la alta votación de la Brigada 1958.

Avance del oficialismo

El oficialismo logró mantener su mayoría en la Mesa Ejecutiva de la FEUU (cuatro secretarios de siete) y superar al lema “FEUU en lucha” por 1600 votos, a través de una campaña despolitizada que tenía como eje la identificación de La Lista de los Centros con los gremios estudiantiles, y el ataque a la libertad de tendencias. Se trató de una campaña de ocultamiento, por medio de la cual los sectores oficialistas utilizaron nuevamente el sello de los Centros de Estudiantes que dirigen como cobertura para esconder sus ideas, su programa y sus vínculos políticos.

Por este tipo de campaña, el avance de los sectores vinculados al gobierno no implica directamente un fortalecimiento de las posiciones oficialistas entre el estudiantado, ni un apoyo al programa del gobierno para la Universidad. La enorme mayoría de los estudiantes universitarios votaron a La Lista de los Centros como forma de apoyar a su Centro de Estudiantes y no a las corrientes frenteamplistas que impulsaba esta lista.

El retroceso del FPE exige un balance

El retroceso del Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos, muestra los límites concretos de su política. El FPE desenvolvió una política centrista que nunca fue a fondo en el desarrollo de una lucha contra el oficialismo, manteniendo una táctica tendiente a la “convivencia pacífica” y al congelamiento del status quo en cada centro de estudiantes. Una muestra evidente de esto es la negativa a formar agrupaciones en los centros dirigidos por el oficialismo y a impulsar una lucha política por las direcciones de estos centros.

Por otro lado, su apoyo a Markarian y sus vínculos con el rectorado y sus políticas (en particular con el desmantelamiento de Extensión Central), son un chaleco de fuerza para el desarrollo de una política independiente y realmente consecuente. Frente al actual retroceso, el FPE tendrá que decidir si seguirá siendo la pata estudiantil del rectorado o romperá definitivamente con el gobierno nacional y con la camarilla docente que gestiona la universidad, para luchar a fondo por una transformación estructural de la UdelaR en función de las necesidades e intereses populares.

Markarian y la camarilla docente que lo sustenta, asisten al retroceso de su base en la FEUU, por lo cual es muy probable que en la próxima etapa veamos intentos de un acercamiento más estrecho entre el oficialismo en la federación y el rectorado para la profundización de la reforma y las políticas de ajuste y mercantilización en la Universidad. Esto no significaría una gran novedad, ya que los sectores frenteamplistas en la FEUU apoyaron a todos los Pro Rectores de Markarian (excepto al de Extensión) y no han tenido ningún enfrentamiento importante durante este primer año de gestión.

Otra variante del oficialismo: la Brigada 1958

Un capítulo especial requiere el destacable avance de la Brigada 1958, que logró dos importantes triunfos, en Psicología (frente a La Lista de los Centros) y en Medicina (derrotando al FPE) y conquistó un representante en la Mesa Ejecutiva de la FEUU.

Su política en los últimos años ha consistido en el desarrollo de un trabajo paralelo a los Centros de Estudiantes en base a la organización de Encuentros regionales, prácticas de “trabajo voluntario” e inserción en las estructuras institucionales. Políticamente se trata de una variante del oficialismo de tipo filo chavista, vinculada a Izquierda en Marcha y con vínculos estrechos con el kirchnerista Movimiento de Participación Estudiantil de Argentina.

La campaña que impulsaron fue, como la de La Lista de los Centros, muy despolitizada y llena de vaguedades y generalidades. Su triunfo está más vinculado al desenvolvimiento de un gran aparato de propaganda y agitación sustentado en sus vínculos políticos, que al triunfo de posiciones políticas entre los estudiantes.

Elecciones y reflujo

Estas elecciones se desarrollaron en un cuadro general de desmovilización y despolitización entre el estudiantado de la UdelaR. La histórica lucha presupuestal sólo involucró activamente a un sector muy reducido de los estudiantes universitarios, en particular a la cúpula militante de los centros de estudiantes. Por otro lado, las elecciones tuvieron lugar en el cuadro de reflujo en el movimiento obrero que se abrió luego de la derrota de la huelga docente y la represión en el CODICEN.

Si bien las corrientes a la izquierda del oficialismo lograron que la FEUU saliera a la calle, acompañara la lucha de docentes y funcionarios de la educación y realizara ocupaciones rotativas de facultades, no se logró incorporar masivamente a los estudiantes a esta lucha.

Durante esta etapa, las direcciones oficialistas de los centros de estudiantes han podido escapar de la prueba de la lucha de clases. Estas direcciones aún no tuvieron que enfrentar un ascenso de la lucha estudiantil y un fortalecimiento de las tendencias de oposición.

Las perspectivas de la Agrupación Primero de Mayo

La Agrupación de Estudiantes Primero de Mayo desenvolvió una campaña cuya piedra angular fue la lucha por una FEUU con independencia política del gobierno nacional y de las autoridades universitarias, la lucha contra el ajuste y la represión, por la libertad de tendencias y por la democratización de los centros de estudiantes.

Con este programa, la Agrupación Primero de Mayo fue votada por más de 250 estudiantes, conquistó dos consejeros federales (mantuvo uno por el CEHCE e incorporó uno por Bellas Artes) y el Frente de Izquierda Estudiantil en la Facultad de Humanidades se posicionó como segunda fuerza con solo 20 votos de diferencia respecto al lema más votado. En Ciencias Sociales, por su parte, la agrupación se consolidó en el marco de una fuerte lucha política contra la proscripción y persecución del oficialismo que prohíbe las agrupaciones y la expresión de las tendencias gremiales.