AFE: Entre el fracaso y las elecciones.

Camilo Márquez

En las últimas semanas se ha abierto un nuevo frente de conflicto en la interna del gobierno, el presidente de AFE Jorge Setelich dejó el cargo tras  presentar renuncia y después de varias  idas y vueltas dentro del ejecutivo Mujica  término aceptándola. Según los trascendidos Setelich habría protagonizado un duro cruce con  Pedro Apezteguía  número tres del ministerio de economía. La diferencia entre el MEF y AFE, estalla en torno al transporte de carga y el proyecto presentado por AFE que depende de financiamiento de economía.

Las razones de la crisis hay que buscarlas más allá del desquició eterno que padece AFE. El gobierno intentó tapar el fracaso de una política al servicio de los pulpos madereros y celulósicos armando una operación mediática cuando adquirió los cinco trenes de pasajeros de origen sueco. Un maquillaje cosmético para ocultar la matriz capitalista de la agenda que el FA tiene definida para entregar la infraestructura del ferrocarril a las multinacionales depredadoras, que no dejan un peso por concepto de impuestos ni invierten nada para el mantenimiento y el desarrollo nacional del transporte, sea el de cargas o el de pasajeros. Por el contrario el episodio Setelich, ha desatado una interna que expresa la lucha por los trozos de poder a los que cada grupo aspira dentro del FA, en el supuesto de que se mantenga en el gobierno en el próximo quinquenio. Los que siguen pensando que el Frente Amplio es el mejor proyecto para el país, que la derecha intenta voltear y generar una regresión histórica, como afirma Tabare Vasquez, ahí está AFE para atestiguar que durante dos periodos de gobierno de la centro izquierda progresista no han sido capaces de revitalizar nada. Es el palabrerío contra la sustancia, porque todo el proyecto para poner a los trenes en funcionamiento dependía de la inversión extranjera, es decir de capitales que deben ver ganancias. Todo lo demás es juego de artifició, como el “Tren de los Pueblos Libres” inaugurado con una gran puesta en escena por Mujica y Cristina Fernández de Kirchner que después de descarrilar un par de veces, se encuentra hoy en día tirado en una estación de Pilar, en la provincia de BsAs.

Guerra de camarillas

Detrás del fracaso de Mujica para vehiculizar su programa en el ente del transporte se expresa la lucha por los cargos. Setelich de la lista 711 y Apezteguía del Partido Socialista, son miembros de grupos que pretenden quedarse con la candidatura para acompañar a Vazques (seguro candidato a la presidencia por el FA) en la vice de la futura fórmula electoral del oficialismo. Para este puesto se maneja a Monica Xavier del PS (que sería apoyada por el Frente Liber Seregni de Danilo Astori) y a Raul Sendic (líder de la 711 y delfín de Vazques).  “El FLS y el PS están molestos con algunas acciones políticas de Sendic y su grupo durante las últimas semanas. Ambos sectores advierten que la gente de Sendic  utiliza los cargos de gobierno para marcar una posición a la interna y lograr protagonismo.” (el observador)

Al cierre de está edición, Sendic después de dejar la presidencia de ANCAP para dedicarse a la campaña electoral, habría rechazado la candidatura a la intendencia de Montevideo pero habría dejado abierta la posibilidad de postularse para la vice presidencia: “Otro punto de conflicto es la financiación de la campaña. En el FLS advierten que Sendic, durante su gestión en ANCAP, estrechó el vínculo con empresarios que en otras oportunidades financiaron la campaña de Astori. En ese sentido, temen que la acción del jerarca en el ente arrime dinero a su campaña para invertirlo en propaganda.” (Idem)  La disputa asume características absolutamente particulares de grupos por la guita para la campaña electoral. No hay un enfrentamiento producto de diferentes planteos o programas, sino de quien se gana los favores ecónomicos de grupos empresariales o capitalistas particulares. El FA se ha transformado en un contubernio, en donde la base no tiene ninguna capacidad de decisión, está dispersa, y es convocada cada cuatro años a meter el voto en la urna.