Partido de los Trabajadores

¿A quién representa Castillo?

 

La participación de Juan Castillo en el gobierno (Director de Trabajo en el MTSS) fue puesta en cuestión durante algunos días de agosto, cuando Vázquez y Murro decretaron la ‘esencialidad’ (violación del derecho de huelga) en la enseñanza. El ex dirigente sindical afirma que presentó su renuncia y que la misma no se hizo efectiva porque el gobierno dio un paso atrás con su decreto.

La declaratoria de la esencialidad no fue un hecho fortuito (ya había sido anunciada hace dos años, por parte de Vázquez y Sendic). El decreto de servicios esenciales se levantó, pero el hecho de haber aplicado esta norma (inconstitucional y violatoria de las normas de la OIT), ya permite caracterizar al gobierno. Por si fuera poco, Murro decretó el desalojo a palazos del CODICEN ocupado (esta vez por estudiantes). Otra vez la política represiva contra las huelgas y la lucha popular. Castillo esta vez no dijo ni mu.

La pregunta del título puede tener una respuesta obvia: Castillo representa al Partido Comunista. Pero ese partido también está representado en el parlamento por Oscar Andrade. Castillo afirmó que ante la ocupación de un liceo “hay que desocupar” y Andrade declaró que si desalojaban el liceo Zorrilla (ocupado entre otros por su hija) “voy a estar en la puerta resistiendo el desalojo porque me parece una barbaridad”. El PCU es un partido que puede tener a una militante de la UJC, y hasta un diputado del propio partido, resistiendo y siendo apaleados por orden de un jerarca del MTSS del propio PCU. ¡Vaya paradoja!

El PCU, sin embargo, dice no sentirse representado por la ley de Presupuesto (aunque la vota). Quieren otra política económica, lo que no les impide integrar el gobierno. ¿Cuál es el rol de Castillo en el MTSS?

Seguramente los dirigentes del PIT-CNT consideran a Castillo como “su hombre en el ministerio”. Hasta hace poco, tenían una visión similar sobre Murro. Pero esta es una vía de dos sentidos: Castillo también es el hombre del gobierno para intervenir en el PIT-CNT. Esto se reveló muy claramente durante la huelga educativa. La anunciada (y varias veces postergada) renuncia de Castillo estuvo al servicio no sólo de presionar a Vázquez, sino también a los sindicatos. Formó parte de un operativo que se expresó en la resolución de la Mesa Representativa del PIT-CNT votando un paro parcial, y recomendando a los gremios de la educación el levantamiento de los paros a cambio del cese de la “esencialidad”. Es decir, aplicar en los hechos la esencialidad, pero en forma “autónoma”. El operativo fracasó parcialmente; el decreto se levantó, Castillo sigue en su puesto en el Ministerio, pero los sindicatos docentes siguen siendo ariscos y difíciles de disciplinar. Por eso, ahora Marcelo Abdala pretende dar una vuelta de tuerca en la regimentación: las filiales de FENAPES y FUM de Montevideo (o cualquier otra) no podrían resolver paros si el motivo son temas “nacionales” (como el convenio colectivo). Sólo la dirección nacional de esas federaciones podría aprobar medidas de lucha en estos casos.

La propia evolución de la crisis va a ir disolviendo la pretensión del PCU (y otros sectores vinculados a la burocracia sindical) de que son capaces de incidir en la interna del gobierno, que están allí para presionar a un giro a la izquierda, y otras tantas fantasías tantas veces ensayadas en la  historia de la izquierda y el movimiento obrero, en estas y otras latitudes. La crisis capitalista coloca la necesidad urgente de una dirección obrera independiente del gobierno, basada en la soberanía de las asambleas y que unifique la respuesta de los trabajadores ante la crisis. Y también la necesidad de construir un verdadero partido que represente a la clase obrera, que luche por un gobierno de trabajadores y por el socialismo.