El gobierno ‘en modo pausa’ , la clase obrera construye una salida

Hace algunas semanas, Tabaré Vázquez realizó un discurso en cadena nacional que atiborró de datos estadísticos a los telespectadores. Se refirió permanentemente a cifras e indicadores comparando 2005 con el presente, pero poco y nada al período que le resta de mandato -nada menos que 3 años-. Parece ser que si fuera por Vázquez su gobierno terminaría hoy. El ‘modo pausa’, el inmovilismo, es la tónica de un gobierno sin GPS ni plan de acción, mientras se acumulan contradicciones potencialmente explosivas.

 

Deuda y déficit fiscal

 

La política de hiperendeudamiento llevada adelante por los gobiernos del FA, sirviéndose del dólar barato y en abundancia que inundó el mercado mundial en los últimos años, ha entrado en crisis. El monto a pagar por concepto de deuda en 2017 asciende a casi ¡3 mil millones de dólares! Para ello el gobierno recurrió a la colocación de bonos de deuda, a préstamos de organismos internacionales de crédito y a echar mano a las reservas. En términos sencillos: a endeudarse para pagar deuda, es decir a una política sin salida. Con lo que se piensa destinar al pago de deuda ¡8 millones de dólares diarios!, bastaría 15 días de no pago para realizar las obras que precisa el Hospital de Clínicas y se construirían 3 ó 4 escuelas o liceos nuevos por día. La traducción de las cifras a ejemplos concretos es un claro testimonio de la sangría que significa la deuda para el país.

En tanto, el déficit fiscal de 2016 ascendió a 4% del PBI, hecho que no se registraba desde hace 27 años. Los pagos de deuda tienen un peso enorme en el déficit. Los previstos para 2017 equivalen a un 6% del PBI. Es decir que sin pagos de deuda habría superávit fiscal en vez de déficit. Por otra parte, esa cifra de 6% coincide con el reclamo sindical de presupuesto básico para la Anep y Udelar. El creciente déficit fiscal amenaza con la pérdida del precario ‘grado inversor’. Si esto sucede, las tasas de interés de los préstamos pedidos y de los bonos de deuda a colocar aumentan considerablemente, así como los obstáculos para captar inversiones productivas o financieras del exterior.  Una salida favorable para los trabajadores exige concentrar el ahorro nacional, mediante la nacionalización de la banca y el comercio exterior, terminar con los subsidios al capital y el pago de la deuda externa. Esto permitiría redistribuir el ingreso nacional, incrementar la inversión pública y el gasto en educación, salud y vivienda.

 

Cualquier monedita sirve

 

Atraer inversiones extranjeras ha sido la fórmula del FA para ‘inflar’ el PBI y ‘maquillar’ el déficit fiscal. A esto se suma la obsesión por firmar algún TLC -si es con China mejor-, para venderle algo a alguien en medio de la crisis mundial y la creciente guerra comercial.

La nutrida delegación que viajó recientemente a Europa, compuesta por el presidente, funcionarios de gobierno, representantes de las cámaras patronales y ¡del Pit-Cnt! fue en busca de un salvavidas para paliar la situación económica y ‘patear la pelota para adelante’. Las inversiones extranjeras han ‘pegado una estampida’ de América Latina producto de la crisis mundial. La caída de la rentabilidad en la producción y exportación de materias primas, sumada a la suba de las tasas de interés previstas por la FED de los EEUU, son un ‘combo’ que provoca la retirada de los capitales de la región.

En este contexto, la tercera planta de celulosa -segunda de UPM-, parece más una ‘bomba de humo’ que un proyecto realizable en el mediano plazo. De hecho los propios finlandeses se encargaron de relativizar el interés en la inversión. La infraestructura ferroviaria que necesitaría la pastera desvela al ministro Rossi, que habla de varios interesados en invertir, pero al ‘contar los porotos’ no aparece ninguno. Por lo pronto, el camino elegido por el gobierno es una segunda dosis más profunda del ‘ajuste’ -léase reducción del gasto social y aumento de tarifas e impuestos-. Es el camino de la recesión de la economía.

 

Una Rendición de cuentas ‘austera y prudente’= más ajuste

 

La votación de la Rendición de Cuentas de este año es un eje fundamental para Vázquez y su equipo económico encabezado por Astori. La consolidación del ajuste fiscal iniciado en 2015 -y su profundización- depende en gran medida de cómo vote el parlamento el proyecto del ejecutivo. El presidente del FA Javier Miranda expresó: “Antes de salir a buscar el voto 50 hay que asegurar el voto 49” (El País, 7/3), al tiempo que destacó la iniciativa del ejecutivo de discutir ‘con tiempo’ el proyecto. Es decir que acompaña ‘in totum’ la política de Vázquez de regimentar rápidamente a la bancada del FA para ‘pescar’ afuera el voto 50. Para Miranda hay varios candidatos: el recientemente escindido Gonzalo Mujica, el colorado Amado o el propio Pablo Mieres. El FA arma una coalición ‘a la carta’ para votar el mensaje presidencial.

La derecha tradicional clama por un ajuste mayor, es decir por un ‘shock’ que deje de lado el ‘gradualismo’ practicado por el FA. La economista Azucena Arbeleche – asesora de Lacalle Pou y ex funcionaria del MEF bajo los gobiernos de Batlle, Vázquez y Mujica- planteó en referencia al gobierno: “Van a tener que optar entre llevar adelante su programa y aumentar el déficit” (El País, 7/3). Para tranquilidad de Arbeleche el gobierno optó hace rato por recortar el gasto en educación, vivienda y salud, apartándose de su ‘programa’. Los conflictos con los sindicatos de la educación son clara muestra de ello.

La discusión presupuestal es una oportunidad para presentar un programa de conjunto que se oponga por el vértice a la política del capital financiero. Salario mínimo igual a $35.000, indexado al aumento del costo de vida; eliminación del IRPF y todo impuesto al salario; terminemos con las tercerizaciones, privatizaciones y la precarización laboral.

 

Con sindicatos clasistas, otro gallo cantaría

 

La dirección mayoritaria del Pit-Cnt se ha consolidado como el ‘ala izquierda’ del ajuste. Hacer ‘la vista gorda’ frente a la creciente ola de despidos y el aislamiento de las ocupaciones de empresas (Tiempost, imprenta Polo) ha sido la regla.  Los estrechos vínculos políticos y personales entre varios de los principales dirigentes sindicales y el gobierno son de público conocimiento. Nada podemos esperar de ellos.

Las próximas elecciones en sindicatos de trabajadores dependientes del Estado –Aebu, Adeom, Ades-Montevideo- y en el Sintep -educación privada- son un jalón importantísimo en la lucha contra el ajuste. En estos cuatro sindicatos hay agrupaciones clasistas que pueden abrir una perspectiva antiburocrática e independiente del gobierno. Las elecciones se producen en un cuadro de incipientes luchas y movilizaciones, como la masiva marcha que tuvo lugar el 8 marzo, donde la burocracia sindical pretendió imprimir su orientación; o las recientes ocupaciones de liceos ante el caos del inicio de cursos. Si estos sindicatos se recuperan para los trabajadores, es posible construir un polo que reagrupe a los trabajadores clasistas y combativos en general y viabilizar una lucha para que la crisis no recaiga sobre los trabajadores y sus familias sino sobre sus responsables: los capitalistas.

Para el Partido de los Trabajadores, esta lucha debe partir de concentrar la acción de la clase obrera en los campos sindical y político bajo un programa propio, para construir una alternativa política socialista. El acto del PT que tendrá lugar en el mes de abril se encuentra al servicio de esta tarea.

 

Andrés Mancioni y Nicolás Marrero