​Ante la declinación irreversible del Frente Amplio

Vamos por un nuevo comienzo para la izquierda y el movimiento obrero

La crisis política en torno a Sendic es apenas un síntoma del irreversible agotamiento del Frente Amplio. La apelación sistemática a los “servicios esenciales” frente a las luchas sindicales, o el decreto “anti-piquetes” para congraciarse con UPM, son otros tantos elementos que muestran a un gobierno enfrentado al movimiento obrero y popular para defender un ajuste que de todas formas las cámaras patronales encuentran insuficiente.
La dirección oficialista del PIT-CNT agita el cuco del retorno de la derecha para empujar a los trabajadores a apoyar al Frente Amplio, que sin embargo no cesa de caer en las encuestas. Se olvidan que Temer en Brasil, Macri en Argentina o Macron en Francia, son el resultado de los respectivos gobiernos “progresistas” de Lula/Dilma, los Kirchner y el falso “socialista” Hollande. El fracaso irreversible de estos gobiernos capitalistas de centro-izquierda fue lo que abrió el camino al ascenso de la derecha, favorecido por la política de la izquierda integrada a los “frentes poli-clasistas” (de colaboración de clases) impide que la clase obrera se constituya en alternativa política, que luche por su propio poder.
Los tarjetazos de Sendic, o el papelón en torno a su inexistente título de Licenciado, son apenas episodios menores de una crisis más general. Estamos ante la declinación de una experiencia política que ha dominado a la izquierda y al movimiento obrero durante décadas. El Frente Amplio afirmó que podría desarrollar las fuerzas productivas y sacar al pueblo de la miseria sin terminar con el latifundio, el sometimiento a la banca y monopolios internacionales y al pago de la deuda externa. El resultado es el enriquecimiento de los terratenientes, el aumento imparable de la deuda pública, y la inmensa mayoría de los salarios que no llegan a cubrir la mitad del costo de la canasta familiar.

El retroceso de los Trump, Temer y Macron en las encuestas a poco tiempo de su ascenso al poder, muestra la precariedad de estos gobiernos de derecha frente a la descomposición capitalista. No pueden abrir una salida pese a que llevan adelante un programa de degradación de las mayorías populares, a través de reformas laborales reaccionarias. Se avecinan nuevas crisis políticas que pondrán en jaque a estos gobiernos derechistas más temprano que tarde.

Es necesario que la clase obrera definitivamente se constituya en alternativa política, construyendo un partido propio para luchar por un gobierno de trabajadores y por la unidad socialista de América Latina.